¿Por qué gustan tanto las películas de animación a los adultos?


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Tras haber ahondado en las páginas del libro de J.J.García-Noblejas, Comunicación Borrosa, nos encontramos, desde mi punto de vista, ante una de las cuestiones más interesantes sobre la comunicación y su relación con las películas o historias de ficción audiovisuales. Hasta el momento, todo lo leído no suscitaba en mí nada más allá que mera curiosidad por seguir leyendo y no un pensamiento propio, una hipótesis.

Sin embargo, llegados al punto en el que se cita “es muy difícil poner en duda que los modos, géneros y estilos de hacer cine y televisión, de contar historias audiovisuales, (..) tienen implicaciones directas en las formas de vivir la vida por parte de los espectadores” inspira en mí alguna idea interesante. Me vienen a la cabeza todas esas historias creadas por Pixar,  breves cortometrajes y largometrajes de animación que narran tramas en las que, como dice J.J.García-Noblejas en su libro, los individuos de la sociedad pueden identificar en sus personajes sus propias acciones humanas libres. Es entonces la ficción un medio a través del cual podemos comunicar de forma menos borrosa nuestras acciones humanas libres. Los pactos de lectura establecidos con la animación no resultan un impedimento para establecer esta relación. Al contrario: son necesarios para dicha identificación. La animación, aunque resulte paradójico, es un medio a través del cual resulta más fácil plasmar esas acciones humanas libres. ¿Cabe  entonces preguntarse por qué gusta tanto la animación? Y, ¿es la animación un lenguaje infantil? ¿o es a la vez imagen infantil y comunicación adulta? No me cabe duda de que este aspecto debe haber sido estudiado por muchos otros  comunicadores que ahora mismo desconozco. Desde que empecé a ahondar en el mundo de la epistemología y más aún, en el libro de Comunicación Borrosa de J.J.García-Noblejas, fue un tema que me atrajo y, probablemente necesitaría más de dos caras de folio para profundizar en él tanto como deseo.

Volviendo a la cita que me llevó definitivamente a mi planteamiento, J.J.García-Noblejas deja claro en su libro que hay una influencia directa entre el modo de hacer cine, de contar historias audiovisuales, y las formas de vivir la vida por parte del espectador.

wall-eUtilizaré ejemplos de la película Wall-e para basar en ella mi reflexión. Esta película trata sobre el último robot en la Tierra. Posiblemente una película a modo de crítica de la sociedad actual, o mejor dicho, crítica de la futura* sociedad actual. Como bien explica J.J.García-Noblejas en el capítulo de Iconología audiovisual en el libro de Comunicación Borrosa, está comprobado por diversos estudios, que el índice de suicidios en adolescentes aumenta después de la aparición de personajes que se suicidan en las historias de ficción. Es entonces cuando podemos plantearnos que lo que pretende Andrew Stanton –director y guionista de Wall-e– es mucho más que el intento de la identificación de los espectadores con sus personajes, a modo de fidelizar audiencia una vez más a Pixar. Con la animación Stanton va mucho más allá que la simple búsqueda de esa identificación para comunicar acciones humanas libres. Stanton hace uso de esas futuras acciones humanas libres – advierte al espectador del riesgo en el que se encuentra, en el precipicio de la sustitución de la máquina por el hombre. Probablemente tratando de conseguir una película que enganchara al público y un futuro merchandising,  Stanton lo sobrepasa. Por una parte, plasma los valores que aparecen en todos los largometrajes y cortometrajes de la producción –Pixar- desde la amistad (Party Cloudy), el amor filial (Finding Nemo), valentía (Brave)… pero todos ellos no conforman nada más que la primera capa del ámbito iconológico de la obra audiovisual. Más allá de esta fórmula mágica de la productora, lo que ha intentado Stanton –aunque  posiblemente sin darse cuenta- es transmitir un verdadero mensaje de querer cambiar el mundo. Aunque deberíamos preguntarnos si se puede transmitir un mensaje tan concreto y directo sin tener la intención de ello, vamos a suponer que sí, ya que en caso de planteamiento, podríamos extendernos y salirnos de los parámetros epistemológicos que pretendo abarcar.

UP27Wall-e no sólo es la comprobación material de las palabras de J.J.García-Noblejas cuando se refiere a la ficción como mundo en el que el espectador comunica e identifica de mejor modo sus acciones humanas libres. Constituye además una obra en la que queda evidenciada esa frase de la que deriva toda esta reflexión “es muy difícil poner en duda que el cine (..) tiene implicaciones directas en las formas de vivir la vida por parte de los espectadores”. Y más allá, pueden llegar a cambiar el modo de vivir de los espectadores. Stanton, con Wall-e, puede haber llegado a plantear en la mente de muchos espectadores “¿estoy yo tan sumergido como estos personajes en las nuevas tecnologías?”, “¿voy a hacer algo al respecto para no acabar como estos personajes?”. Porque lo más probable es que psicológicamente muchos espectadores ya estén sumergidos por gran parte de la tecnología, pero también es probable que estén a tiempo de rectificarlo –en el caso que caigan en la cuenta. Sucede algo parecido con Up, el largometraje de Pixar que transmite los valores del amor matrimonial hoy día tan infravalorados. O en Cars, en la que se plasma el valor de la verdadera amistad. Mi planteamiento va mucho más allá de los happy endings propiamente americano: si los comunicadores, los que trabajan en la industria cinematográfica elaborando guiones, creando estas películas, conocen este poder, ¿cómo es posible que sigan existiendo películas de animación que saquen a modo de sarcasmo el lado más sucio de la sociedad –de las acciones humanas libres? Y en el caso de que no sean conscientes de ello, ¿cómo es posible que no lo sean? Es algo evidente. En este último grupo supondremos que se halla un reducido número de comunicadores. En el primero podemos distinguir, a) a los conscientes pasivos –que no hacen nada al respecto, por los motivos que sean- , b) a los reactores –conscientes y que realizan algo al respecto de modo positivo. Deberíamos crear un grupo para aquellos que, posiblemente como Stanton, no son conscientes de la magnitud de este poder pero aun así llevan intrínseco ese don audiovisual para la humanidad espectadora.

Después de todo queda preguntarnos ¿cómo es posible que aún sigan existiendo películas o series que degraden la sociedad, en lugar de dar paso a una reacción o una mejora de sus acciones humanas libres subrayando sus valores? Y lo más interesante,…¿es realmente ese el motivo por el que gusta tanto la animación al espectador adulto?


* Futura: referido a esa sociedad que empieza a depender de la tecnología, casi sustituyendo al hombre por las máquinas, olvidando su propia naturaleza humana, pero que aún no ha sufrido del todo esa transformación. Por decirlo vulgarmente, “está en proceso de cambio”.

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