La Carretera: Un largo recorrido. Una gran experiencia.


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Apunta Linda Siger que uno no puede matar al protagonista de su historia. En caso contrario, deberá asegurarse de no dejar solo al espectador: focalizar la trama desde otro personaje junto con el que sufrirá y seguirá hacia delante. Lo mismo parece suceder enThe Road.

Desde su inicio, la trama de la película se nos presenta con flashbacksTípico juego temporal con el que situar al espectador de modo sencillo. Se trata de explicar qué es lo que sucede. Cómo han acabado allí los personajes. Por qué , cuándo, cómo y dónde. Pero el valor añadido de esta historia es esa voz en off con la que, además de trasladarnos en el tiempo, permanece acompañándonos a modo de hilo narrativo.

En la película es el choque de intereses el que da inicio al conflicto: una familia que sobrevive a uno de los mayores desastres naturales mundiales que les ha arrebatado casi todo. Con caníbales que se apoderan lentamente de lo que queda de mundo tienen que intentar sobrevivir. Temas que abarcan desde la muerte y la familia hasta la supervivencia.  ¿Qué sentido tiene seguir viviendo? Esa es precisamente una de las cuestiones que trata más a fondo la película. Algunos personajes toman como deseo más ansioso la muerte. Y es entonces, justo en el momento en que el espectador empieza a desarrollar esa misma pregunta en su cabeza, Joe Penhall decide dar una respuesta. Pone en boca de uno de los personajes que debemos “dejar de pensar en estar muertos”. En otras palabras, Hillcoat y Penhall consiguen que el espectador sea un superviviente más en la película.

La mezcla entre surrealismo y cotidianidad es precisamente la que otorga credibilidad al guión. Una de las combinaciones poco habituales entre temas como el fin del mundo y las peleas que surgen entre un padre y su hijo. La novela de Cormac McCarthy se consigue trasladar al lenguaje cinematográfico creando una historia repleta de sentimientos, suspense, pasión, supervivencia y protección. El suspense basado en la toma de decisiones rápida, en las que no cabe tiempo para el arrepentimiento. La marcha atrás es sustituida por la firmeza.

Gran parte del trabajo de Joe Penhall se plasma en la ideación de los personajes. Ni el bueno buenísimo, ni el malo malísimo. Unos perfiles creíbles con los que podemos sentirnos identificados sin ningún problema. Y la película gana en su escala tratando de suscitar una pregunta en el espectador: ¿qué haría yo en su lugar? .

Además de todos los puntos señalados, me siento con la obligación de mencionar el trabajo musical de Nick Cave y Warren Ellis, compositores de la banda sonora de The Road. Con ella ayudan a la  introducción del espectador hasta el sentido más profundo de la historia. Componen un leimotiv diferenciado, marcando los viajes en el tiempo, la explicación de la vida del protagonista y, por supuesto, es una melodía que habla por sí sola: melancólica pero sin ser demasiado sentimentalista.

En último lugar,  no debemos dejar de fijarnos en la fotografía, con la que se consigue que trama y tonalidad viajen de la mano.  Esa textura grisácea que gobierna la mayor parte del tiempo de la trama guarda en sí misma la propia melancolía y angustia que sentirán los espectadores a lo largo del viaje cinematográfico.

En definitiva, para el espectador la película acaba convirtiéndose en una propia carretera por la que viajará, sintiéndose el propio abrigo de los personajes. Una experiencia que, si tiene ocasión, no debería perderse.

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